¿Por qué llora mi bebé?


Cuando el bebé llora siempre responde a una necesidad, física o psicológica, que se debe procurar descubrir y satisfacer lo antes posible.
Los bebés que son atendidos rápida, cariñosa y eficazmente enseguida lloran menos.
Además de que siempre es más difícil calmar a un niño que lleva llorando mucho rato, al atenderle pronto no se le malcría, sino que, al contrario, se le demuestra que puede confiar en su propia capacidad para reclamar ayuda, y en que existe alguien dispuesto a brindársela, sentimientos básicos para el desarrollo positivo de su personalidad.
Pero ¿porqué llora?

Hambre: hay que ofrecerle el pecho o el biberón. A veces sólo necesitan succionar algo y se tranquilizan enseguida con el dedo o el chupete.

Frío o calor: Habitualmente se trata más de calor que de frío. Hay que comprobar en la nuca su temperatura y si parece caliente, quitar una pieza de ropa.

Incomodidad: Una mala posición, una ropa demasiado ceñida o un pliegue de la ropa pueden molestarle.

Pañales mojados o sucios: No todos se quejan, pero algunos bebés no los soportan, y menos aún si tienen irritada la piel de la zona del pañal.

Sueño: Bastante bebés lloriquean un poco antes de quedarse dormidos.

Soledad: El bebé que se queda tranquilo al cogerle en brazos, sólo quería y necesitaba compañía.

Aburrimiento: A veces se callan al llevarlos a una habitación donde haya movimiento o jugando un rato con ellos.

Exceso de estímulo: Las visitas, la alegría familiar y el deseo de estimular el desarrollo del bebé pueden sobreexcitarle y acabar por hacerle llorar.


Ruido: Los sonidos bruscos (como una bocina o el teléfono) pueden sobresaltarle y desencadenar el llanto.

Tensión: Muchos lloran un rato cada tarde para desahogarse de las tensiones y molestias acumuladas a lo largo del día.

En pocas semanas los padres pueden aprender a reconocer lo que le sucede a su hijo por la forma de llorar o, al menos, a saber si debe ser atendido inmediatamente (en el caso de hambre, soledad o dolor) o es mejor aguardar un poco (cuando sólo hay sueño o tensión). Por ejemplo, hay tres llantos bastante típicos:

- Hambre: Empieza de modo irregular y va creciendo progresivamente en fuerza y continuidad. Periodos cortos, de tonalidad más bien grave, cuya intensidad sube y baja.

- Dolor: De inicio brusco y ya fuerte de entrada, es un grito largo y agudo, seguido de una pausa muy larga durante la que toma aire y de una serie de gemidos cortos.

- Enfermedad: Gemidos débiles y prolongados (salvo cuando la enfermedad causa dolor agudo, como las otitis).

Mi bebé no deja de llorar.2ª parte.

Es un error dejar de coger al niño en brazos por miedo a que se acostumbre mal. Encontrar atención y afecto cuando se está sufriendo tampoco es adquirir una mala costumbre, y el problema del niño que todo lo consigue llorando no se debe a que se le haya consolado cuando lo necesitaba, sino a que al hacerse mayorcito ha aprendido a utilizar el llanto como un arma, porque sus padres, "por no oírle", siempre han acabado cediendo a sus exigencias y consintiéndole lo que previamente le negaban.

Sin embargo, tampoco es acertado hacer de los brazos el remedio universal y cogerle por sistema para que calle. Conviene no olvidar que el llanto es una forma de comunicación que no se debe reprimir, sino interpretar. Cogerle en brazos, pero no para acunarle ni mecerle intentando que deje de llorar como sea, sino para observarle y para tratar de averiguar lo que quiere, es una actitud mucho más acertada y eficaz.

Mi bebé no deja de llorar.3ª parte.

Cuando el llanto persiste pese a que el niño parece tener satisfechas sus necesidades básicas y especialmente si el llanto es débil y el bebé parece apagado. Es posible que tenga a algún mal.
En cuanto a las enfermedades, es evidente que si además de llorar el niño presenta cualquier signo de alerta (vómitos, diarrea, dificultad para respirar, palidez, somnolencia, fiebre, rechazo prolongado de alimento...), la consulta al médico es obligada. Es raro que el llanto sea el único síntoma de una enfermedad.
Por otra parte, la ansiedad que se pueda generar en los padres es motivo más que suficiente para que el pediatra confirme la buena salud del niño.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...